Valle y Avándaro Para vivir el bosque
Dos destinos en una misma escapada a los bosques del Estado de México: aquí podrás respirar profundo y recargarte de tranquilidad.
Entre montañas cubiertas de pinos y encinos, Valle de Bravo y Avándaro ofrecen una pausa de belleza y experiencias que conectan con lo esencial, lejos del ruido de la ciudad. Si vuelas a Toluca, Morelia o Ciudad de México, estás muy cerca de estos dos pueblos vecinos, donde la presencia del agua en los arroyos y las cascadas marcan el ritmo de los días. Te darán ganas de madrugar para respirar el aire ligero de la montaña, caminar entre senderos o simplemente sentarte a escuchar el susurro del bosque.
Ritmos de aventura
Para quienes viajan con un espíritu inquieto, la región está llena de posibilidades. En el embarcadero de Valle es posible rentar un kayak o un paddle board para deslizarse sobre el lago al atardecer. Si quieres un poco más de acción, también encontrarás instructores para aprender esquí acuático.
Valle también es un sitio célebre para vivir experiencias en parapente. Operadores como Aventura Parapente Valle de Bravo o ViveValle te llevan a volar sobre el bosque y a contemplar el lago desde una perspectiva distinta.
Si buscas conectar realmente con el bosque, la bicicleta de montaña, el senderismo, la escalada y las cabalgatas también son buenas opciones. Estas experiencias, cuidadas por operadores con conocimiento local, permiten respetar el entorno y sentir que estás recorriendo un territorio vivo, cambiante y cercano.
Para desconectar
El día entre árboles
El bosque aquí tiene un ritmo propio. Caminar despacio entre pinos y oyameles permite descubrir pequeños arroyos que aportan su murmullo a la sinfonía del paisaje. Un paseo hasta la cascada Velo de Novia es una de las experiencias más gratificantes: el sonido del agua invita a detenerse, respirar profundamente y quedarse un poco más.
Quienes caminan hacia la zona de Montealto encontrarán algunos hoteles con senderos junto al río, restaurantes o cafés inmersos en el bosque, como Casa Tandava (IG: @casa_tandava_valle_de_bravo), que ofrece una barra de jugos y bebidas saludables. Y para quienes disfrutan de rutas más largas, también se puede cabalgar a las cascadas de San Simón a través de senderos que se adentran en el bosque.
Avándaro y Valle de Bravo
Placeres para el cuerpo y la mente
Hay espacios que ofrecen silencios reparadores y que ayudan a recomponer el ritmo del cuerpo y la mente, como las cabañas de Wander Cabins o el Hotel Rodavento. Ambos están en el corazón del bosque y ofrecen experiencias de alojamiento distintas.
Wander Cabins te permite desconectar por completo en una cabañita con total privacidad, a unos pasos del río, sin perder la comodidad y con la posibilidad de organizar paseos a la medida.
El Hotel Rodavento es más sofisticado. Además de sus espacios arquitectónicos y su propuesta gastronómica, su spa es reconocido por la calidad de sus tratamientos y por su circuito de hidroterapia, que incluye sauna seco, hammam, piscina de inmersión fría y de contraste de temperatura.
Valle de Bravo
Sabores con sentido
Trucha fresca con hongos recogidos en el bosque, tortillas de maíces criollos hechas a mano, cafés de montaña que invitan a detener el tiempo, panes de masa madre para redescubrir el sabor del trigo… Valle y Avándaro destacan por una oferta gastronómica más apegada a lo natural. Hay clásicos como Solar (IG: @solar_paraiso_ludico), con platillos que dialogan con la identidad local y productos de la región, y Dosis Café (dosiscafe.com), perfecto para un desayuno ligero y un buen pan antes de salir a explorar o después de rodar.
Café del Huerto (IG: @cafe_del_huerto), cerca de Rancho Avándaro, tiene comida local y una buena propuesta gastronómica, mientras que Alma Tierra (almatierra.mx), en Avándaro, vende productos orgánicos, cuenta con servicio de alimentos y ofrece experiencias del campo a la mesa.
En el pueblo de Valle de Bravo está La Batucada (IG: @restaurante_la_batucada), una casona con desayunos muy ricos el fin de semana. Y para quienes quieren merendar esquites y otros antojitos en el centro, está el famoso Callejón del Hambre.
En Valle de Bravo y Avándaro se aprende a medir el tiempo por los susurros del agua y la luz que cae a través de las copas de los árboles. En un viaje de dos o tres días se puede combinar la aventura y la calma, alternando cabalgatas o caminatas, actividades en el agua y pausas para nutrir el cuerpo. Esta es una escapada para vivir el bosque con lentitud y curiosidad.