Cambiar de cama, horario y rutina puede alterar hasta al mejor durmiente. Algunos pequeños trucos ayudan a que el cuerpo también se sienta de viaje, pero descanse como en casa.
HAZLA UN POCO TUYA
Empieza por el entorno. Baja la intensidad de las luces antes de acostarte, mantén la habitación a una temperatura agradable y lleva un antifaz para bloquear esa luz que siempre encuentra cómo colarse entre las cortinas. Si eres sensible al ruido, unos tapones también pueden hacer maravillas.
Después, recupera algo de tu rutina. Una ducha, unas páginas de un libro o la música que escuchas antes de dormir pueden decirle al cuerpo que el día terminó.
Y si el equipaje lo permite, guarda un pequeño pedazo de casa: una almohada, una manta, un peluche o cualquier objeto familiar que te haga sentir cómodo. No importa demasiado qué sea; importa lo que significa para ti.
Un antifaz ayuda a bloquear la luz y mantener las
señales que preparan al cuerpo para dormir, incluso
en habitaciones con iluminación poco familiar.
Crédito: Shutterstock / imagen modificada con IA.
PON EL RELOJ EN HORA
Si además cambiaste de huso horario, intenta adaptarte cuanto antes al ritmo del destino. Come y duerme según la hora local y busca luz natural al despertar.
Dormir bien lejos de casa no exige reproducir tu habitación exactamente. A veces basta con darle al cuerpo algunas señales conocidas para recordarle que, aunque cambió el lugar, sigue siendo hora de descansar.
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