A Belice desde Chetumal
Dos cayos con buena vibra extienden cualquier viaje a la capital de Quintana Roo.
El sol se alza sobre la bahía de Chetumal, pintando el cielo de tonos anaranjados y rosados. En el muelle, el viento con sabor a sal y el bullicio de los viajeros anuncian el inicio de una aventura que los llevará a uno de los tesoros mejor guardados del Caribe: la costa de Belice, con sus icónicas islas de
Cayo Caulker y San Pedro.
Este paseo de ida y vuelta es más que un paseo; es una inmersión en la belleza de la Reserva de la Biosfera del Caribe Mexicano y el Sistema Arrecifal Mesoamericano, el segundo más grande del planeta solo después del de Australia.
Un vuelo a Chetumal y una navegación, dos países
(con pasaporte de por medio) y toda la magia de la costa caribeña en un mismo viaje.
El paseo náutico
La aventura comienza a primera hora de la mañana, cuando los
water taxis zarpan del muelle de Chetumal. El trayecto a Cayo Caulker dura poco más de tres horas, dependiendo de las condiciones del mar. Durante este tiempo, la vista es un deleite para los sentidos. El barco se adentra en un mar de aguas turquesas, que se intensifican conforme se aleja de la costa.
A lo largo del trayecto es posible avistar delfines jugando en la estela de espuma que deja tras de sí o, si se tiene suerte, alguna tortuga marina asomando su cabeza. Los manglares, con sus intrincadas raíces, se extienden a lo largo de la costa, formando un ecosistema que alberga una gran diversidad de aves y peces.
Desde San Pedro
Crédito: Shutterstock.
Cayo Caulker
Esta isla encarna la filosofía de go slow (ir despacio). Al desembarcar, un ambiente relajado recibe a los recién llegados. Las calles son de arena, no hay coches, solo carritos de golf que circulan con calma. Los colores de las casas de madera, los bares playeros y los pequeños restaurantes crean una atmósfera bohemia y acogedora.
Esta isla de aguas cristalinas es un paraíso para el buceo y el esnórquel. Se pueden contratar tours a la Reserva Marina de Hol Chan, un santuario donde es posible nadar con tiburones nodriza, rayas y una multitud de coloridos peces tropicales.
El famoso Split, una división natural de la isla creada por un huracán, es el lugar perfecto para relajarse, disfrutar del sol y pedir un coctel en el bar Lazy Lizard. La caminata por la calle principal, con sus tiendas y sus puestos de comida, es la mejor manera de empaparse de la cultura local.
Descubrir otra cara del Caribe
A la isla bonita
El viaje continúa hacia la isla de San Pedro, alojada en Cayo Ambergris. El trayecto desde Caulker es de apenas 30 minutos, y la transición entre la tranquilidad del cayo y la energía de San Pedro es palpable. Esta es una isla más grande y concurrida, con una nutrida vida nocturna, restaurantes con una propuesta más elaborada y opciones de alojamiento que van desde lujosos resorts hasta acogedores bed and breakfasts.
Esta isla es el destino de altamar más extenso y poblado de Belice; tiene casi 40 kilómetros de largo y 1.6 de ancho. Además de célebre por ser “La Isla Bonita” en la canción de Madonna, es conocida como la capital del buceo de Belice. Desde aquí se organizan expediciones al Gran Agujero Azul, un fenómeno geológico que atrae a buceadores de todo el mundo. Este enorme sumidero submarino, con su impresionante profundidad y formaciones de estalactitas, es una experiencia inolvidable. Y para quienes no bucean, el esnórquel en el Cayo de Coral es una alternativa igualmente fascinante.
Muelles y puentes de todas las formas y tamaños se extienden desde el frente de la isla hacia la Barrera de Coral de Belice. El arrecife está lo suficientemente cerca como para escuchar las olas romper y chocar con los corales.
Para los amantes de la cultura, la visita al Ambergris Museum, que narra la historia de la isla, desde sus orígenes mayas hasta su desarrollo como destino turístico, es muy recomendable.
Las playas de San Pedro, con su arena blanca y sus aguas tranquilas, son perfectas para un día de relax, mientras que los paseos en carritos de golf por la isla permiten descubrir sus rincones escondidos y disfrutar de las vistas panorámicas del mar.
Calles de arena
Al final del día, después de haber explorado ambos cayos, los viajeros pueden optar por regresar a Chetumal, o, como la mayoría, dormir una noche en San Pedro y volver a México al día siguiente. Ya sea desde la playa o en el paseo de vuelta, esa puesta de sol caribeña se quedará en la memoria por siempre.
Vuela a Chetumal
Volaris opera vuelos a Belice desde: Chetumal.